Archivo de Abril 2008

Allegro Ma Non Troppo

Abril 7, 2008

Hoy me he acordado de un libro que leí hace años,  inteligente y divertido, que recogía 2 ensayos muy interesantes sobre las leyes de la estupidez humana y sobre el papel de las especias en el desarrollo económico de la Edad Media. Aquí os dejo un breve resumen sobre ambos ensayos :

 

“Tengo la firme convicción, avalada por años de observación y experimentación, de que los hombres no son iguales, de que algunos son estúpidos y otros no lo son.” Carlo Cipolla

 

LAS LEYES FUNDAMENTALES DE LA ESTUPIDEZ HUMANA

 

  1. La Primera Ley Fundamental: ” Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo”.
  2. La Segunda Ley Fundamental: ” La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona”.
  3. La Tercera Ley Fundamental: ” Una persona estúpida es una persona que causa daño a otra o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio”.
  4. La Cuarta Ley Fundamental: ” Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento y lugar, y en cualquier circunstancia tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error”.
  5. La Quinta Ley Fundamental: ” La persona estúpida es el tipo de persona más peligroso que existe. El estúpido es más peligroso que el malvado”.

 

CATEGORÍAS FUNDAMENTALES DE PERSONAS

 

Todos los seres humanos están incluidos en una de estas cuatro categorías fundamentales: los incautos, los inteligentes, los malvados y los estúpidos.

 

Los Incautos: Podemos recordar ocasiones en que un individuo realizó una acción (es decisivo que sea él quién la inicie), cuyo resultado fue una pérdida para él y una ganancia para nosotros: habíamos entrado en contacto con un incauto.

 

Los Inteligentes: Igualmente nos vienen a la memoria ocasiones en que un individuo realizó una acción de la que ambas partes obtuvimos provecho: se trataba de una persona inteligente.

Una persona inteligente puede alguna vez comportarse como una incauta, como puede también alguna vez adoptar una actitud malvada. Pero, puesto que la persona en cuestión es fundamentalmente inteligente, la mayor parte de sus acciones tendrán la característica de la inteligencia.

En determinadas circunstancias una persona actúa inteligentemente, y en otras circunstancias esta misma persona puede comportarse como una incauta. La única excepción importante a la regla la representan las personas estúpidas que, normalmente, muestran la máxima tendencia a una total coherencia en cualquier campo de actuación.

 

Los Malvados: Todos nosotros recordamos ocasiones en que, desgraciadamente, estuvimos relacionados con un individuo que consiguió una ganancia causándonos perjuicio a nosotros: nos encontramos frente a un malvado.

Existen diversos tipos de malvados; el malvado perfecto es aquél que con sus acciones causa a otro pérdidas equivalentes a sus ganancias. Otro tipo de malvados son aquellos que obtienen para sí ganancias mayores que las pérdidas que ocasionan en los demás, esos son deshonestos y con un grado elevado de inteligencia, pero la mayoría de los malvados son individuos cuyas acciones les proporcionan beneficios inferiores a las pérdidas ocasionadas a los demás. Este individuo se situará muy cerca del límite de la estupidez pura.

 

Los Estúpidos: Nuestra vida está salpicada de ocasiones en que sufrimos pérdidas de dinero, tiempo, energía, apetito, tranquilidad y buen humor por culpa de las dudosas acciones de alguna absurda criatura a la que, en los momentos más impensables e inconvenientes, se le ocurre causarnos daños, frustraciones y dificultades, sin que ella vaya a ganar absolutamente nada con sus acciones.

Nadie sabe, entiende o puede explicar por qué esta absurda criatura hace lo que hace. En realidad no existe explicación -o mejor dicho- solo hay una explicación: la persona en cuestión es estúpida.

La mayoría de las personas estúpidas son fundamentalmente y firmemente estúpidas, en otras palabras, insisten con perseverancia en causar daños o pérdidas a otras personas sin obtener ninguna ganancia para sí, sea esto positivo o negativo. Pero aún hay más. Existen personas que con sus inverosímiles acciones, no solo causan daños a otras personas, sino también a sí mismos. Estas personas pertenecen al género de los superestúpidos.

 

EL PODER DE LA ESTUPIDEZ

 

Como ocurre con todas las criaturas humanas, también los estúpidos influyen sobre otras personas con intensidad muy diferente. Algunos estúpidos causan normalmente perjuicios limitados, pero hay otros que llegan a ocasionar daños terribles, no ya a uno o dos individuos, sino a comunidades o sociedades enteras. La capacidad de hacer daño que tiene una persona estúpida depende de dos factores principales: del factor genético y del grado de poder o autoridad que ocupa en la sociedad.

Nos queda aún por explicar y entender qué es lo que básicamente vuelve peligrosa a una persona estúpida; en otras palabras en qué consiste el poder de la estupidez.

 

Esencialmente, los estúpidos son peligrosos y funestos porque a las personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido.

 

Una persona inteligente puede entender la lógica del malvado. Las acciones de un malvado siguen un modelo de racionalidad: racionalidad perversa, si se quiere, pero al fin y al cabo racionalidad. El malvado quiere añadir un “más” a su cuenta. Puesto que no es suficientemente inteligente como para imaginar métodos con que obtener un “más” para sí, procurando también al mismo tiempo un “más” para los demás, deberá obtener su “más” causando un “menos” a su prójimo.

 

Desde luego, esto no es justo, pero es racional, y si es racional uno puede preverlo. 

 

Con una persona estúpida todo esto es absolutamente imposible. Una criatura estúpida os perseguirá sin razón, sin un plan preciso, en los momentos y lugares más improbables y más impensables. No existe modo alguno racional de prever si, cuándo, cómo, y por qué, una criatura estúpida llevará a cabo su ataque. Frente a un individuo estúpido, uno está completamente desarmado.

 

Puesto que las acciones de una persona estúpida no se ajustan a las reglas de la racionalidad, de ello se deriva que generalmente el ataque nos coge por sorpresa incluso cuando se tiene conocimiento del ataque no es posible organizar una defensa racional, porque el ataque, en sí mismo carece de cualquier tipo de estructura racional.

 

 La persona inteligente sabe que es inteligente. El malvado es consciente de que es malvado. El incauto está penosamente imbuido del sentido de su propia candidez. Al contrario de todos estos personajes, el estúpido no sabe que es estúpido. Esto contribuye poderosamente a dar mayor fuerza, incidencia y eficacia a su acción devastadora.

 

Con la sonrisa en los labios, como si hiciese la cosa más natural del mundo, el estúpido aparecerá de improviso para echar a perder tus planes, destruir tu paz, complicarte la vida y el trabajo, hacerte perder dinero, tiempo, buen humor, apetito, productividad, y todo esto sin malicia, sin remordimientos y sin razón. Estúpidamente.

 

EL PAPEL DE LAS ESPECIAS EN EL DESARROLLO ECONOMICO DE LA EDAD MEDIA

 

La caída del imperio romano: Los historiadores modernos, no coinciden en las causas que motivaron la  decadencia del imperio romano. Un sociólogo norteamericano ha replanteado recientemente el problema presentando la tesis brillante y original de que la decadencia de Roma fue debida al progresivo envenenamiento por plomo de la clase aristocrática romana.

 

El plomo, si se ingiere o absorbe en dosis superiores a un miligramo al día, puede provocar estreñimiento doloroso, pérdida de apetito, parálisis de las extremidades y. finalmente, puede producir la muerte. Puede, además, ser causa de esterilidad en los hombres y de abortos en las mujeres. Los romanos, y en particular los aristócratas, ingerían cantidades de plomo superiores al límite tolerado. No tan sólo existía la recomendación de Plinio el Viejo de que «se usaran recipientes de plomo y no de bronce» para la cocción de los alimentos, sino que además el plomo era utilizado en la fabricación de tuberías de conducción de agua, jarras, cosméticos, medicinas y colorantes. Añádase a esto que los romanos, para conservar mejor y endulzar el vino, añadían zumo de uva no fermentado que, a su vez, había sido hervido y decantado en recipientes revestidos internamente de plomo. De este modo, mientras pretendían esterilizar el vino, los romanos «no se daban cuenta de que se esterilizaban a sí mismos».

 

«La alta tasa de mortalidad y la baja tasa de natalidad» de la aristocracia romana son claramente indicativas, según el sociólogo norteamericano, de los fenómenos de envenenamiento por plomo y así, a lo largo de algunas generaciones, esta «aristotanasia» provocó la desaparición de las figuras más autorizadas del pensamiento y de la cultura. Envenenados por el plomo y. por tanto, estreñidos, estériles y afectados por la «aristotanasia», los romanos no fueron capaces de contener a los bárbaros.

 

La Baja Edad Media: Después de la caída del imperio, los europeos afortunadamente habían perdido la mala costumbre de esterilizarse con el plomo. Fue una suerte. Pero, al mismo tiempo, el comercio con Oriente iba languideciendo cada vez más y, en consecuencia, la pimienta oriental se convirtió en Occidente en un bien cada vez más raro y costoso.

 

La pimienta —todo el mundo lo sabe— es un potente afrodisíaco. Privados de pimienta, los europeos a duras penas consiguieron compensar las pérdidas de vidas humanas causadas por nobles locales, guerreros escandinavos, invasores húngaros y piratas árabes. Población disminuyó; las ciudades se despoblaron, mientras que los bosques y pantanos se extendían cada vez más. Lo único que faltaba ya era que aparecieran los terribles jinetes del Apocalipsis, tal como había sido anunciado por los profetas. Todo el mundo estaba resignado y convencido de que tal acontecimiento sucedería la medianoche del día treinta y uno de diciembre del año 999. , pero —con gran estupor por parte de todos— los jinetes del Apocalipsis no hicieron acto de presencia. Esta falta de asistencia a la cita señaló el turning point de la historia europea.

 

La Alta Edad Media: El nuevo milenio puede ser justamente considerado el milenio de la Europa occidental. El mérito de haber abierto el paso a esta nueva época corresponde a dos personajes notables de aquel tiempo: el obispo de Bremen y Pedro el Ermitaño.

 

  •      El obispo de Bremen sentía debilidad por la miel y la caza. Pedro, en cambio, tenía predilección por los manjares picantes. Lo que hicieron ambos fue, en realidad, muy sencillo. Rodeados como estaban de tipos violentos, cuyo deporte favorito era matarse mutuamente, el obispo y el Ermitaño actuaron de catalizadores e incitaron a los europeos a ejercer su violencia contra los no europeos, en lugar de hacerlo contra ellos mismos. Como buen alemán, el obispo habló de un modo claro y llano, sin ringorrangos diplomáticos, y en 1108 exclamó con voz de trueno: «Los eslavos son pueblos abominables y en sus tierras abundan la miel, el grano y la caza. Jóvenes caballeros, dirigíos hacia Oriente». De este modo, el terrible obispo, utilizando como cebo la miel, el grano y la caza, empujó hacia Oriente a muchos jóvenes alemanes violentos que  llevó a las conquistas germanas de los territorios situados más allá del río Elba y. en última instancia, a la creación del Estado prusiano.

  •     Pedro el Ermitaño era francés  y se alimentaba tan sólo de pescado y vino, sin embargo, Pedro sentía debilidad por las comidas picantes. . Pedro fue elaborando un gran plan: promover una cruzada para liberar la Tierra Santa de la opresión musulmana, que permitiría, al mismo tiempo, abrir de nuevo las vías de comunicación con Oriente y. por lo tanto, reabastecer a Europa de pimienta de un modo regular.  «Era un gran orador» y  empezó su peregrinación de cabaña en cabaña, de aldea en aldea, de castillo en castillo, inflamando almas y corazones con un lenguaje irresistible.

 

Las condiciones económicas y sociales de la época facilitaron el proyecto de Pedro. La Iglesia oficial siempre había reprochado a los nobles su conducta violenta y sanguinaria. Ahora Pedro les proporcionaba la posibilidad de vapulear al prójimo y obtener al mismo tiempo elogios por parte de la Iglesia, en vez de reproches. Los jóvenes vástagos de la nobleza, privados de los derechos de sucesión según la estricta legislación feudal, vieron en el plan de Pedro la posibilidad de conquistar posesiones en Oriente y, al mismo tiempo, adquirir méritos a los ojos del Todopoderoso. Y el pueblo llano vislumbró, a su vez, la posibilidad de cambiar de vida: acabar con su miserable situación y participar en el saqueo de los tesoros orientales con el beneplácito y la bendición del Señor.

 

El viaje era largo, y los cruzados conscientes de ello sabían, que no volverían a ver su patria ni a sus mujeres durante muchos años. Casi todos los cruzados eran analfabetos, pero conocían bien los refranes y había  uno que rezaba así: «Fiarse de la propia mujer está bien, pero no fiarse está mejor». Así nació en aquel contexto sociocultural la idea del cinturón de castidad: uno tras otro, los cruzados se preocuparon de ponerse a cubierto de bromas pesadas colocando a sus mujeres el incómodo (para la mujer) pero tranquilizador (para el marido) cinturón. Fueron tiempos prósperos para los herreros, y la metalurgia europea entró en una fase de fuerte expansión. Este fue tan sólo el primero de una serie completa de desarrollos espectaculares.

 

El comercio: los italianos habían intuido el enorme potencial comercial que proporcionaba la ocupación cristiana de la Tierra Santa. Pedro no era el único europeo que deseaba intensamente la pimienta. Como Pedro, había en Occidente decenas de millares y los italianos —aun sin haber seguido cursos de prospección de mercado— se adueñaron del comercio y obtuvieron beneficios monopolísticos notables.

 

Tanto se afanaron los mercaderes italianos que el comercio de la pimienta entró en una fase secular de excepcional expansión. El aumento del consumo de pimienta incrementó el vigor en los hombres que, al verse rodeados de tantas hermosas mujeres guardadas por sus cinturones de castidad, experimentaron un repentino y enorme interés por la elaboración del hierro; muchos se hicieron herreros y casi todos se dedicaron a la producción de llaves. Este hecho tuvo dos importantes consecuencias:

 

1.      La creciente frecuencia del apellido Smith (“herrero”) en Inglaterra. Schmidt en Alemania, Ferrari, Ferrario, Ferrero o Fabbri en Italia, Favre, Febvre, Lefevre en Francia.

 

2.      El desarrollo de la metalurgia europea que entró definitivamente en fase de expansión y de self-sustained growth (“crecimiento autosostenido”).

 

Los mercaderes se convirtieron también en banqueros y practicaron la usura tanto con los pobres como con los señorones manirrotos. En el fondo de su corazón sabían muy bien que vendiendo armas a Saladino, pimienta afrodisíaca a los europeos y practicando la usura en gran escala se volvían extremadamente sospechosos a los ojos de Dios y tranquilizar su conciencia, destinaron notables sumas a actos de caridad y a donaciones a la Iglesia.

 

 Una buena parte de las donaciones que los obispos y abades recibieron de los mercaderes las gastaron en la construcción o reconstrucción de iglesias, catedrales y monasterios. La gran cantidad de dinero que se gastó en la construcción de las catedrales procuró trabajo y dinero a los albañiles quienes, a su vez, emplearon el dinero ganado en adquirir pan y vestidos, con lo cual proporcionaron trabajo a los panaderos y sastres. De este modo, el «multiplicador» sostuvo y multiplicó el desarrollo de la economía europea.

 

La pimienta, el vino y la lana eran los principales ingredientes de la prosperidad general, manteniendo naturalmente la pimienta el papel de lo que Marx ha llamado el motor de la historia.